Soy Lucía Erice, madre de dos niños de 2 y 4 años, profesora de yoga y amante de la naturaleza.
Ex profesora de inglés, conecté con el yoga como practicante en 2011 y se volvió mi pasión. Tras un viaje a Nueva Zelanda e India, dejé Madrid, me instalé hace ya 11 años en Ribadeo (en donde tengo raíces) y comencé una serie de formaciones para ser profesora de yoga.
Volví a India y luego seguí formándome en Santiago de Compostela y Madrid. Algunas de mis referentes son Montse Cob (mi formadora de Yoga Prenatal), Donna Farhi y Lisa Petersen.
Desde el 2018 vivo en O Carboeiro con mi familia, donde además de hacer vida, compartimos este espacio a través de clases de yoga y eventos
Mi familia compró este mágico lugar en 2006. Aunque quisieron restaurarlo, por cuestiones de la vida, no se pudo, así que la casa estuvo abandonada muchos años (ya lo estaba cuando la compraron).
Cuando volví de ese largo viaje, fui poco a poco recuperando este espacio, hasta que en 2019, mi pareja y yo (y también con ayuda de manos amigas) comenzamos a rehabilitarla, piedra a piedra, muro a muro. Durante un año, trabajamos largas jornadas para conseguir terminar la obra y mudarnos a la casa grande pocos días antes del nacimiento de nuestro primer hijo.
Este lugar, que cuidamos cada día, es mucho más que una casa: son hectáreas de campo, hórreos, un bosque de castaños, dos ríos, dos molinos... animales que nos ayudan a mantener el espacio, niños, familia y cómo no.. espacios cerrados y al aire libre para hacer lo que más me gusta: Yoga!
Antiguamente O Carboeiro era una casa de labranza donde se hacía carbón vegetal y donde se cultivaba trigo y maíz que después se molía en los dos molinos en cascada de la finca.
Son varias las personas que me han dicho:"¡Mi abuela/o conocían O Carboeiro porque venían aquí a moler!" Y así era: se cultivaba, se mallaba, se molía, y muchas personas venían de los alrededores con sus burros cargados de grano para moler. Aquí se les acogía hasta que marchaban con su harina, habiendo dejado parte de la molienda como forma de pago.
¡Cuántas historias nos contarían las paredes de esta casa!
Este espacio nace de una experiencia muy personal.
Durante un tiempo, trabajando como profesora, empecé a sentirme completamente saturada: me llevaba las historias y preocupaciones de mis alumnos a casa, no conseguía desconectar, dejé de dormir bien y mi cuerpo empezó a resentirse, hasta el punto de enfermar cada dos semanas y perder la voz.
Fue entonces cuando, a través de alguien cercano, apareció una idea que lo cambió todo: para poder sostener y acompañar a otros, primero tenía que nutrirme yo. Así fue como en 2011 llegué al yoga y a la meditación y algo muy simple, pero muy profundo, empezó a suceder: volví a descansar,a dormir del tirón, a recuperar un espacio que había perdido.
Desde el principio, la práctica no fue para mí algo físico. Nunca la viví como una forma de hacer posturas, sino como una manera de acceder a algo más profundo: regular el sistema nervioso, sostener lo que estaba pasando dentro de mí y encontrar calma. El cuerpo y el movimiento estaban ahí, pero como una puerta: una forma de entrar, de sentir, de empezar a escuchar.
Desde ahí nace este lugar: un espacio en plena naturaleza, donde poder bajar el ritmo y sentirse segura, donde no hay prisa, ni expectativas, ni exigencia. Aquí la práctica comienza desde lo más simple: sentir. Sentir cómo está el cuerpo, cómo llega la mente, cómo se mueve la respiración.
A partir de ahí, la respiración se convierte en guía: compaña el movimiento, crea espacio, suaviza, sostiene. Poco a poco, el cuerpo se abre, la mente se aquieta, y aparece ese lugar donde simplemente podemos ser.
Mi forma de enseñar no está centrada en la forma externa de las posturas, sino en lo que ocurre dentro de ellas: en lo que se mueve cuando sostenemos algo incómodo, cuando respiramos en ello, cuando dejamos de huir; es un enfoque más terapéutico que físico, respetuoso con cada cuerpo y cada momento vital.
Acompaño especialmente a mujeres en diferentes etapas de su vida, incluyendo el embarazo, y a tambié personas que buscan una práctica más suave, consciente y adaptada en las clases de yoga suave.
Este no es un lugar para exigirse; es un lugar para escucharse.
Para crear espacio.
Y, poco a poco, volver a una misma.
¿Quieres disfrutar de este lugar con tu familia, con unas amigas, hacer una despedida ...?